“Es probable que esa fascinación temprana que
ejerce el libro no provenga ni del objeto físico ni de sus ilustraciones ni de
la historia que cuenta, sino, más bien, de la experiencia afectiva que fluye y
que ofrece tantas pistas de desciframiento vital, en tanta cercanía. Es ese
encantamiento que permite retener el eco de las voces más queridas y abrigarse
con envoltura de palabras el que tal vez nos hace lectores y el que nos lleva
tantas veces, en distintos momentos de la vida, a querer revivir la experiencia
afectiva del encuentro.” Yolanda Reyes. La casa imaginaria: lectura y
literatura en la primera infancia. Bogotá. Grupo Norma 2007. (Foto de Ana Trebino, tomada en el Picnic de Palabras de abril en la plaza Martín Fierro.)
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